hybrid 2024

Por segundo año consecutivo la Fundación PROARTE está presente en Hybrid Art Fair. Su apuesta por artistas emergentes y su visibilización en el contexto internacional engarza con los objetivos de la feria de irrumpir con prácticas desafiantes en el mundo del arte. Ahora se muestra el trabajo de cuatro jóvenes artistas: tres ecuatorianos y una española. De la línea equinoccial llegan Marcela Silvestre, Ray Medina y Josué Rodríguez, mientras que del “viejo” mundo tenemos a Judith Peris Gatell.

Judith explora la pintura y el dibujo con distintos materiales. Sus pequeños formatos conversan efusivamente con la tradición, con el mundo circundante, con la naturaleza. Los soportes de las obras (madera, papel, tela o arcilla) ebullen para acariciar la convención, que en formas órficas va fragmentando rostros, cuerpos y árboles. La inquietud de cada título se teje con una práctica interdisciplinar que acopia múltiples modos de hacer. Gemas, tintas, cera y pan de oro se confabulan con nuevas tecnologías para acometer sus exploraciones visuales. Su trabajo, en pleno crecimiento, se expande y se resignifica en ese horizonte singular.

Por su parte, Ray Medina bebe de una tradición pictórica cosificada en los albores de la Vanguardia. Relee el expresionismo con un desenfado que roza la ironía. En esta serie, Punchline, entroniza a la pintura con el universo del Rap. El diálogo entre música y pintura, problema ya explorado por Kandinsky desde su intrínseca noción de alta cultura, aterriza en la cultura popular y en los extremos de la experiencia urbana de la mano de Ray.

Su pintura es un puñete. Un sublime golpe al ojo, un estruendo de manchas, sonidos y colores que hace de la improvisación un método. Del “remate” del Freestyle a la desnudés intencionada de los recursos plásticos. Personajes enigmáticos, mascotas exóticas e imágenes vintage se acomodan de manera inédita en sus composiciones. Ray logra que lo más difícil parezca nada: la pintura como el fin y el inicio de casi todo.

Josué Rodríguez, en cambio, lleva lo cotidiano a escalones reflexivos. Con referencias filosóficas y poéticas universales, hace del devenir, del recorrido callejero y del encuentro fortuito con hombres llanos su condimento creativo. Es un etnógrafo de la línea. Mapea lo efímero y la fisionomía humana; recolecta textos y sujetos. En esta serie, Condiciones boxísticas, recrea a personajes como a Relojito, Estrellita, Pechuga o Mostrito y los convierte, tautológicamente, en sobrevivientes del boxeo y de la vida. Imágenes caricaturescas que desempeñan un pobre papel sobre pobres papeles.

Josué pinta pensamientos, piensa dibujando, dibuja nombrando. En esta serie usa frágiles hojas del antiguo edificio de correos del Ecuador para construir relatos a partir de memorias desechadas. El papel como soporte inestable que devela, en la construcción de la imagen, corporalidades e historias de letra chica que jamás fueron contadas. Como indica el propio autor: “Se trata de recordar, enumerar y bocetear en continuo cada personaje, cada fracción del cuerpo, cada palabrita es un último asalto y POOM POOM: Muñeco al suelo”.

De ese otro lugar deshilachado, de retazos y algodón, emerge la obra de Marcela Silvestre. Su trabajo entabla narrativas que cruzan el erotismo, el diseño y la moda. Tinderella, una especie de arquetipo saltarín que habita en sus obras, es una cenicienta de la era Tinder que desborda (y borda) entre los humanos sus zonas de deseo e intimidad. Su representación pop aprovecha dispositivos tecnológicos y una diversidad de procedimientos bidimensionales como el dibujo, el collage, el hilo o la tinta china, para adentrarnos en una experiencia de seducción y conquista.

La “tinderización” de su propuesta va más allá de cualquier sentido fáctico. Es un vuelo; un leitmotiv persuasivo y sagaz que aparece en la obra para desencadenar mutaciones insospechadas. Tinderella estructura la narrativa del trabajo de Marcela al mismo tiempo que lo desestabiliza. En las obras ella cambia, nunca tiene un mismo rostro. Su cuerpo se transforma, escapa a cualquier género, está presta al disfrute, al goce, al inagotable placer. Es un camaleón, puede ser él, tú o yo; (ella) juega e interactúa con el espectador. Ahí está su número, está esperando a que la llames.

– Saidel Brito